lunes, 2 de enero de 2012

Un bombazo de arte callejero


Graffiti La primera galería de 'street art' en Chile:
Un bombazo de arte callejero
En algún muro lo habrá visto. El graffiti, esténcil y otros se ganan su espacio en el circuito artístico mundial, pero en Chile todavía se ligan al vandalismo. BOMB, la primera galería chilena de arte callejero, quiere cambiar eso.
Juan Ignacio Rodríguez Medina Viniendo por Bellavista, apenas se entra por Bombero Núñez aparecen las formas y colores que llenan muchos de los frontis del barrio. En ese entorno, en el número 274, hay una casa de fachada negra con grandes letras blancas, en cuyo interior no hay pared que no tenga un graffiti. No es un edificio abandonado víctima de vándalos rayamurallas, es la primera galería chilena de arte callejero: BOMB, como dicen las letras de la fachada. Son dos pisos, el primero es de cien metros cuadrados, y tiene cuatro salas de exposición interiores y una exterior (en un patio), en la que también se proyectan videos. El segundo está reservado para estudios que se arriendan a graffiteros. ¿Los responsables? Sebastián Cuevas (director y curador), Pablo Ceballos (administrador), Gabriela Núñez (curadora), Francisco Páez (diseño) y Natalia Guerra (relaciones públicas).
Más que vandalismo
El objetivo es situar al graffiti en un lugar relevante de la cultura y el arte, trascender la discusión sobre el vandalismo y reconocer que existe gente que pinta hace catorce o quince años, que se trata de una expresión con un valor estético que hoy cobijan museos como la Tate Modern de Londres o el Gran Palais de París. "Hay que poner el ojo en esa gente. Buscamos que al hablar de graffiti te imagines eso. Decir que el graffiti es solamente rayado es pecar de ignorante", afirma Cuevas. De ahí se desprende el criterio para seleccionar artistas: "La línea curatorial es clara, graffiti y Street art ligado a un trabajo consistente en horas de práctica en la calle", explica el director. Lo que se sustenta -acota Páez- en la experiencia que tiene el grupo: él, Cuevas y Ceballos pintan desde 1997 con los motes de Zoghial, Hasco y Ocio. De todos modos, los responsables de BOMB ven su labor "más en impulsar que en curar". Eso -creen- permite introducir el arte callejero en una galería: "Es completamente viable y conducente si se la entiende como un medio de difusión". El lugar viene a ser un "trozo de calle", una "concentración de lo que pasa allí". La estrategia es triple: impulsar a creadores nacionales, importar nuevos formatos y miradas, y realizar proyectos de investigación y difusión.
En enero de este año tuvieron su primera exposición, "Eres bella", una revisión del arte callejero de los últimos años en el barrio Bellavista, con fotos de las obras más significativas y el trabajo en las paredes de la galería de seis graffiteros. Luego, durante mayo y junio, se instaló Agotoc o Moreno Villa con "Moreno Villa no soy Agotoc", una mezcla de graffiti y mural. Hasta el 3 de julio estuvieron los graffitis e instalaciones de Pohyo, Ren y Seimiek, con "La cobra maldita". Y el jueves pasado acaba de cerrar "Femme fatale", de Nopoetiza. Les ha ido bien, han tenido de 200 a 300 personas por inauguración, y la idea es alcanzar un flujo constante, invitar a gente alejada de este ambiente y, cómo no, salir a la calle.
"El siglo del graffiti"
"El Street art es el fenómeno más relevante y de mayor proyección en el arte joven actual". Ésa es la tesis detrás de BOMB. Fuera del hecho de que no hay adultos graffiteros (el mayor en Chile tiene 34 años), Cuevas esgrime una serie se evidencias: es una manifestación que nace y se reproduce con la ciudad, y no necesita -como el arte tradicional y su circuito- ir a buscarla. Asimismo, agrega, si este siglo -donde la mayoría de la población será urbana- es el de la ciudad, es también el del graffiti.
Otra fortaleza sería su carácter global y colaborativo -la complicidad que genera hacerlo y pertenecer a una subcultura- que facilita la construcción de redes. Además, el graffitero -cree Cuevas- aventaja a sus pares artistas en práctica y evolución: es autodidacto y puede llevar diez años pintando cuando los otros recién salen de las escuelas; lo que también lo hace "democrático", pues lo abre a cualquiera, y rompe, a juicio del director de la galería, uno de los grandes conflictos del arte: el ensimismamiento en su propio círculo. Finalmente, el graffiti está atrayendo a grandes marcas que se cuelgan de su identidad urbana para potenciarse y vender -de hecho, la galería también quiere mediar entre artistas y marcas.
Ésa es la certeza o, si se quiere, la fe de BOMB, la que -en palabras de Natalia Guerra- los hace apostar por un proyecto autosustentable, independiente de un Fondart o instancias similares: "Queremos ayudar a estos artistas y que ellos nos ayuden a creer en este sueño". El sueño, agrega Páez, de mantenerse por años, de que surjan nuevas galerías y se empiecen a exportar artistas. "Nosotros estamos creyendo en algo", señala. Ni más ni menos.
http://diario.elmercurio.com/detalle/index.asp?id=%7Bac6cf10d-2caf-40c6-838d-afc016fdc73c%7D